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Pendientes de Ojo Turco en Plata 925

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Pendientes de ojo turco en plata de ley 925, de botón: un ojo azul en un bisel de plata, el amuleto más popular del Mediterráneo contra el mal de ojo. Te cuento su historia, y lo que la psicología sabe de la envidia y de la costumbre de compararnos con los demás. Cada pieza es única e irrepetible: la tuya será muy parecida a la de la foto, pero puede variar en color, tamaño y/o forma.

Hay existencias

Descripción

Estos pendientes de ojo turco son de botón: cada uno lleva un pequeño ojo azul de nácar pintado, con círculos de azul oscuro, azul claro y una pupila negra, engastado en un bisel de plata de ley 925. Se cierran con varilla y cierre de presión. Son pequeños, alegres y muy ligeros, de los que se llevan todos los días. Hay 3 pares.

¿Qué es el ojo turco?

El ojo turco es un amuleto, no un mineral. En Turquía se llama nazar boncuğu, algo así como «cuenta de la mirada»: nazar es una palabra de origen árabe que significa mirada. Tradicionalmente es una cuenta de vidrio azul con un ojo pintado en capas, y todavía hoy se fabrica a mano en pueblos de vidrieros cerca de Esmirna, como Nazarköy, cuyo nombre significa precisamente «el pueblo del nazar». En joyería, el ojo se reproduce en pequeño, como en estos pendientes, engastado en plata. En este caso el ojo no es de vidrio, sino de nácar pintado: la capa interna y brillante de las conchas de los moluscos, pintada a mano con el dibujo del ojo. El nácar es un material de origen orgánico, formado sobre todo por láminas diminutas de aragonito (carbonato de calcio) unidas por proteínas, con una dureza de unos 3,5 a 4 en la escala de Mohs.

Su sentido viene de una creencia muy antigua y muy extendida por todo el Mediterráneo: el mal de ojo, la idea de que una mirada cargada de envidia puede hacer daño. El ojo azul «devuelve» esa mirada y protege a quien lo lleva. Y no es algo lejano: en Castilla, hacia 1425, el escritor y erudito Enrique de Villena escribió el Tratado del aojamiento, dedicado entero a explicar el mal de ojo y cómo protegerse de él. «Aojar», echar mal de ojo, sigue en el diccionario.

¿Por qué unos pendientes de ojo turco?

Porque es un símbolo alegre y cercano, que reconoce todo el mundo y que muchas personas regalan con cariño: a una amiga que empieza algo, a una hija, a quien se va de viaje. El azul intenso es un punto de color que ilumina la cara y combina con blanco, vaquero, negro, gris y beis.

En botón y en plata de ley 925, es un ojo turco para llevar a diario, pequeño y discreto, lejos de la bisutería que se ennegrece en una semana. Y al haber tres pares, son perfectos para regalar a varias personas a la vez: a tres amigas, a tres hermanas.

Lo que dice la tradición

En la tradición mediterránea, el ojo turco protege del mal de ojo, es decir, de la envidia ajena. Se cuelga en las casas, en la entrada, en los coches y en las cunas, y se regala a los recién nacidos. Dice la tradición que, si el ojo se rompe, es porque ha parado una mala mirada. Es una tradición, no una propiedad que se pueda medir, y te la cuento como tal: muchas personas lo llevan como un pequeño gesto de protección y de cariño.

Lo que explica la psicología

El ojo turco protege de la envidia de los demás. Pero la psicología tiene algo interesante que decir sobre la envidia que sentimos nosotras, y sobre la costumbre que la provoca: compararnos, ¿vale?

Lo que se describió. En 1954, el psicólogo Leon Festinger propuso que las personas nos evaluamos comparándonos con los demás, porque casi nada tiene una medida objetiva. No sabes si ganas suficiente, si vas bien de tiempo o si estás a la altura sin mirar alrededor. Compararse no es un defecto de carácter: es la forma por defecto de valorar la propia situación.

El problema es la dirección. Compararte con quien está mejor puede motivarte si la distancia te parece salvable. Pero produce malestar cuando la distancia es grande o cuando te comparas en aquello en lo que has puesto tu valía. Y hoy tenemos un agravante: en 2015, un equipo dirigido por Philippe Verduyn y Ethan Kross comprobó que mirar las redes sociales sin participar, solo desplazándose por las vidas de los demás, empeoraba el ánimo a lo largo del día, en buena parte porque aumentaba la envidia.

La envidia también informa. Los investigadores Niels van de Ven, Marcel Zeelenberg y Rik Pieters distinguieron en 2009 una envidia que lleva a querer subir uno mismo y otra que lleva a querer que el otro baje. La primera es una señal útil: te dice lo que deseas de verdad.

Qué ayuda. Compararte con tu yo de antes, no con los demás. Elegir conscientemente con quién te comparas. Y, cuando aparezca la envidia, preguntarte qué te está diciendo sobre lo que quieres.

Lo que no dice. Que la envidia sea mala persona. Es una emoción humana; lo que importa es qué haces con ella.

Para qué te sirven los pendientes. Como recordatorio de mirar con otros ojos: cuando te pilles comparándote, tócalos y pregúntate qué quieres tú.

Cómo usarlos

  • A diario, como un toque de azul alegre.
  • Con blanco, vaquero, negro o gris, donde el azul destaca más.
  • Para regalar, a una o a varias personas, como gesto de protección y cariño.
  • De viaje, siguiendo la costumbre de llevarlo al salir de casa.

Un pequeño ritual. Cuando notes envidia, ponte los pendientes y escribe en una línea qué tiene esa persona que tú quieres. Luego apunta un paso pequeño hacia eso. Dite, con tu nombre: «[Tu nombre], la envidia me dice lo que deseo.»

Llévalos contigo si…

  • Te gusta el ojo turco y quieres llevarlo en plata de ley.
  • Buscas unos pendientes de botón pequeños y alegres.
  • Quieres un regalo con significado y a muy buen precio.
  • Te comparas mucho con los demás y quieres un recordatorio para parar.

Dónde ponerlos en casa

Cuando te los quites:

  • En una cajita o bolsita, juntos, para no perder el par.
  • En el recibidor, donde tradicionalmente se cuelga el ojo turco, dentro de un cuenquito.
  • En el norte, el sector del camino personal, según el Feng Shui.
  • Aparte de otras joyas, para que no se rayen.

Con qué combinarlos

  • Lapislázuli, para sumar azules intensos.
  • Turmalina negra, la piedra de protección por excelencia en la tradición.
  • Olivino, asociado en la tradición a soltar la envidia.
  • Cuarzo rosa, para mirar a los demás con más ternura.

Cuidados

  • Límpialos con un paño suave y seco. Nada de ultrasonidos, vapor, alcohol ni productos químicos: el nácar es carbonato de calcio, se daña con los ácidos y la vibración puede agrietarlo.
  • La plata se oscurece con el tiempo: límpiala con un paño de pulir plata, sin frotar el ojo.
  • Evita perfumes, cremas, laca, vinagre, limón, cloro y lejía, y ponte los pendientes después de maquillarte o perfumarte.
  • Quítatelos para ducharte, nadar, hacer deporte y dormir.

Preguntas frecuentes

¿El ojo turco es una piedra? No, es un amuleto: un ojo azul de nácar pintado engastado en plata de ley 925. El nácar viene de conchas de moluscos y no es un mineral.

¿Es plata de verdad? Sí, plata de ley 925. Por eso van en su tarjeta de Plata de Ley.

¿Cómo se cierran? Son de botón, con varilla y cierre de presión.

¿El ojo turco protege de verdad? Es un amuleto de tradición muy antigua, y su protección es simbólica. Lo que sí puede hacer es recordarte cuidar tu mirada, hacia los demás y hacia ti.

Cuándo pedir ayuda

Si compararte con los demás te deja a menudo con el ánimo por los suelos, si las redes sociales te hacen sentir peor cada día o si la envidia te está haciendo daño en tus relaciones, habla con alguien de confianza o con un profesional de la psicología. Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, llama al 024: es gratuito y atiende las 24 horas.


Cada pieza es única: la tuya será parecida a la de la foto, nunca idéntica.

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