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Pendientes Libélula de Coral Rojo en Plata 925

21,50 € Imp. Incluidos

Pendientes libélula de coral rojo en plata de ley 925, de gancho: una libélula de 28 mm con alas de filigrana y un coral rojo en el centro. La libélula pasa casi toda su vida bajo el agua antes de volar, y la psicología explica qué hay de cierto, y qué de exagerado, en salir fortalecida de lo difícil. Cada pieza es única e irrepetible: la tuya será muy parecida a la de la foto, pero puede variar en color, tamaño y/o forma.

Hay existencias

Descripción

Estos pendientes libélula de coral son de gancho, de plata de ley 925. Cada uno es una libélula de 28 mm de largo, con las alas caladas en filigrana, llenas de espirales y bolitas, una cola larga y ondulada, y un coral rojo redondo en el centro del cuerpo, de un rojo intenso con pequeños poros. Son pendientes con personalidad, artesanos y llenos de detalle. Hay 1 par.

¿Qué es el coral?

El coral no es una piedra, sino el esqueleto de un animal marino: colonias de diminutos pólipos que, durante años, fabrican ramitas de carbonato cálcico. Es blando, de unos 3,5 en la escala de Mohs, y sensible a los ácidos. El coral rojo más famoso de la tradición es el Corallium rubrum del Mediterráneo, que hoy es escaso y cuya extracción está regulada.

Y conviene decirlo claro: gran parte del coral rojo asequible no es Corallium rubrum. En joyería se usan también otros corales, como el coral de bambú o el coral esponja (que, a pesar del nombre, también es un coral), que suelen estabilizarse y a menudo teñirse de rojo. El de estos pendientes es coral natural, no plástico ni vidrio; no te lo presento como Corallium rubrum, el coral precioso del Mediterráneo, que es mucho más caro.

¿Por qué unos pendientes libélula de coral?

Porque la libélula es uno de los motivos más bonitos de la joyería y tiene una historia que merece la pena. Sus antepasados volaban hace más de 300 millones de años: en los yacimientos de Commentry, en Francia, se encontraron fósiles de Meganeura, un pariente gigante de las libélulas con unos 70 centímetros de envergadura. Y en Japón, uno de los nombres poéticos antiguos del país es Akitsushima, «la isla de las libélulas».

Pero lo más asombroso es su vida. Lo que vemos volar es solo el final. Antes, la libélula pasa meses, a veces años, bajo el agua, como ninfa. Un día trepa por un tallo, se abre la piel y sale con alas. En la orilla queda su envoltura vacía.

Las alas de filigrana de estos pendientes recogen esa ligereza, y el coral rojo en el centro le pone un punto de color cálido. Al ser de gancho, la libélula se mueve con cada gesto, como si fuera a echar a volar.

Lo que dice la tradición

En la tradición, el coral rojo se asocia con la vitalidad, la protección y el arraigo; en el Mediterráneo se ha usado durante siglos como amuleto, también para los niños. La libélula, por su parte, se asocia con la transformación y con la ligereza después de un cambio. Es una tradición, no una propiedad que se pueda medir, y te la cuento como tal.

Lo que explica la psicología

La libélula es el símbolo perfecto de salir transformada de una etapa oscura. La psicología tiene un nombre para eso, y conviene contarlo con cuidado, porque es real y también se exagera mucho, ¿vale?

Lo que se describió. En 1996, Richard Tedeschi y Lawrence Calhoun, de la Universidad de Carolina del Norte, describieron el crecimiento postraumático: los cambios positivos que algunas personas cuentan después de una experiencia muy dura. Más aprecio por la vida, relaciones más profundas, otras prioridades, más fortaleza.

Lo que se matizó. Casi todos esos datos salían de preguntar a la gente cuánto creía haber cambiado, y eso obliga a comparar el presente con un recuerdo de cómo eras antes, que es justo lo que la memoria reconstruye peor. En 2009, Patricia Frazier y su equipo midieron a estudiantes antes y después de vivir algo difícil, y vieron que el crecimiento que contaban tenía poco que ver con el cambio que realmente se medía.

Qué se puede afirmar con prudencia. Que ocurre en algunas personas, no en todas. Que puede convivir con el malestar. Y que contarse que se ha crecido ayuda a sobrellevar lo ocurrido, y eso tiene valor.

Lo que no dice. Que lo malo te vaya a hacer mejor persona, ni que debas sacar algo bueno de ello. Decirle eso a alguien en su peor momento es una exigencia más, y la investigación no la respalda. No hace falta crecer para tener derecho a recuperarse.

Para qué te sirven los pendientes. Como un símbolo que eliges tú, cuando te llega, sobre tu propia historia. Si sientes que has salido del agua, la libélula puede recordártelo; si todavía no, también está bien.

El simbolismo de la libélula en la historia

En Japón la libélula tiene un lugar especial. Akitsushima, «la isla de las libélulas», es un nombre poético antiguo del país (akitsu es una palabra arcaica para libélula); según la tradición, lo dijo el emperador Jimmu, al ver el perfil de la tierra de Yamato como el de una libélula. Se la relacionó con las buenas cosechas de arroz y con la victoria: la llamaban katsu-mushi, «insecto de la victoria», y los guerreros la llevaban en sus armaduras. Las fuentes no coinciden en qué libro antiguo lo recoge, si el Nihon Shoki o el Kojiki. Es simbolismo cultural, no una propiedad de la joya.

Cómo usarlos

  • Con el pelo recogido, para que la libélula se vea entera.
  • Con blanco, negro, vaquero o tonos tierra, donde el coral rojo destaca.
  • Para celebrar el final de una etapa, si te apetece marcarlo.
  • Como regalo para alguien a quien le encantan las libélulas.

Un pequeño ritual. Cuando cierres una etapa, ponte los pendientes y escribe una sola frase sobre lo que te llevas de ella, sin obligarte a que sea bonita. Dite, con tu nombre: «[Tu nombre], salgo a mi ritmo.»

Llévalos contigo si…

  • Te encantan las libélulas y las joyas con detalle.
  • Buscas unos pendientes de plata de ley con un toque de color.
  • Estás cerrando una etapa y quieres marcarla con algo tuyo.
  • Te gustan los pendientes artesanos de filigrana.

Dónde ponerlos en casa

Cuando te los quites:

  • En una cajita o bolsita, juntos, para que las alas no se doblen.
  • En el oeste, el sector de la creatividad, según el Feng Shui.
  • Lejos de la humedad del baño, por el coral y la plata.
  • Aparte de otras joyas, para que no se enganchen las alas.

Con qué combinarlos

  • Cornalina, para sumar calidez y empuje.
  • Piedra luna, para acompañar los cambios con suavidad.
  • Cuarzo blanco, para aportar claridad.
  • Ámbar, para reforzar los tonos cálidos.

Cuidados

  • El coral es blando y sensible a los ácidos: evita el vinagre, el limón, el sudor intenso, los perfumes y la laca.
  • Límpialos con un paño suave y seco. Nada de agua jabonosa, ultrasonidos ni productos químicos.
  • La filigrana es delicada: no dobles las alas ni tires de ellas.
  • La plata se oscurece con el tiempo: límpiala con un paño de pulir plata, sin tocar el coral.
  • Quítatelos para ducharte, nadar, hacer deporte y dormir.

Preguntas frecuentes

¿Es coral de verdad? Sí, es coral natural, no plástico ni vidrio. No te lo presento como Corallium rubrum, el coral rojo precioso del Mediterráneo, mucho más caro; el coral rojo asequible suele ser de otras especies, estabilizado y a menudo teñido.

¿Cuánto mide la libélula? 28 mm de largo, sin contar el gancho.

¿Es plata de verdad? Sí, plata de ley 925. Por eso van en su tarjeta de Plata de Ley.

¿Pesan mucho? No: la filigrana es calada y ligera.

Cuándo pedir ayuda

Si has vivido algo muy duro y sigues teniendo recuerdos que se te imponen, pesadillas, sobresaltos o la sensación de no estar a salvo, habla con tu médico o con un profesional de la psicología: el trauma tiene tratamientos eficaces. Si estás viviendo violencia por parte de tu pareja o expareja, el 016 atiende las 24 horas y no deja rastro en la factura. Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, llama al 024.


Cada mineral es único: el tuyo será parecido al de la foto, nunca idéntico.

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